En estas estoy, estudiando a este nuevo set-humano, la que debo conocer...saber...ser
La gloria del camino son (entre otras cosas) sus regalos, que sé se quedarán conmigo a lo largo de muchas más historias.
Los dejo en buenas manos, aquí con una joya, que desconocía y que Daniela me presentó.
Una parte de La Bella Durmiente de José Carlos Becerra.
nuestro antiguo descaro
y nuestro antiguo pudor,
nuestro crecimiento por separado y nuestro amor por separado,
el delicioso escondite al que no hemos podido regresar porque extraviamos el plano o porque la imaginación lo ha cubierto de arena,
de blancas y suaves colinas parecidas al desencanto.
y nuestro antiguo pudor,
nuestro crecimiento por separado y nuestro amor por separado,
el delicioso escondite al que no hemos podido regresar porque extraviamos el plano o porque la imaginación lo ha cubierto de arena,
de blancas y suaves colinas parecidas al desencanto.
Y nos vemos desde aquí, nos tocamos y nos esperamos,
fluimos en nuestras distancias,
en las palabras donde las bocas quieren fundar breves puertos,
referencias de un mundo asediado por su invención,
y nos tocamos y nos esperamos,
sonriendo sin remendio, vacilando sin remedio,
en las palabras donde las bocas quieren fundar breves puertos,
referencias de un mundo asediado por su invención,
y nos tocamos y nos esperamos,
sonriendo sin remendio, vacilando sin remedio,
la boca casi seca por el sabor de lo irreal,
aplastados por una lucidez en la cual tampoco creemos.
aplastados por una lucidez en la cual tampoco creemos.
(Alguien acaba de encender la noche en nuestros ojos,
alguien acaba de asistir a una ejecución en nuestra mirada),
y nos preguntamos por dónde, a qué hora,
en qué sucesión de imágenes vamos a reconocernos.
por un momento dejamos de existir en todos los sitios donde nos
recuerdan o donde nos olvidan
las leyes de la ciudad no nos tocan,
por un instante somos los otros,
aquellos dos en los que tanto soñamos.

