Como en mi entrada anterior escribí la frase "control freak", de modo discreto, como gotero, tal vez desintensificando su evidente densidad dentro de otro contexto, ahora encaro su significado e intento desmenuzarlo aunque me ensucie (embarre) las uñas en ello.
Hoy en día se predica al unìsono el famoso y relajado "pues que pase lo que tenga que pasar". Sin embargo todos gestionamos, nos movemos, hablamos con quienes consideramos indicados, compramos lo necesario y presionamos para que pase lo que nosotros deseamos que pase (incrédulos al repetido "lo que tenga que pasar").
Siento que esa frase agarra de la mano a dos mundos muy distantes pero siempre paradójicamente vecinos.
Lo que sentimos en realidad y lo que quisiéramos sentir en realidad.
¿Dónde está la linea fronteriza que divide estos dos mundos?
¿en què momento mi respeto por la ley "causa y efecto" se vuelve apatía? ¿En que instante dejo de jalar a mi lado y permito que la consecuencia se genere de forma natural?
De pronto, especialmente cuando salgo de la ciudad y llego al mar por ejemplo (y lo cito porque ese fue mi caso esta última vez) me enamoro nuevamente del dueto luz-oscuridad... donde no hay tiempo exacto, agujas aniquilando tu día inevitablemente. Solo hay sol y hay luna y también hay un sin fin de tintes colorados en medio de estos dos polos. El "tiempo" se vive como una sucesión de momentos en lugar de una masacre de minutos.
En el mar (acostumbro a darle artículo masculino aunque la sienta como elemento femenino) siento que los días y las noches son mas largas, mas llenas de oxigeno y menos letardo cerebral... menos "piloto automático", màs conciencia.
Sin embargo, (y confieso que soy víctima CASI siempre de esta CASI inevitable sensación) regreso a la ciudad y una gran emoción me inunda el alma, mi cuerpo entero. Siento que aterrizo al paraíso. Un paraíso hermosamente gris, un mosaico de concreto, arboles, sucio, arte, olores y sabores de todo tipo. Pero en este mismo paraíso, impregnado en él, palpita la muy temible e indetenible carrera. Una competencia férrea e inhóspita generalmente, atorrante y ensordecedora pero compuesta de miles y millones de pequeñas metas y significantes recompensas. Pero como toda carrera, esta también sufre de síntomas de lasitud profunda las cuales son afortunadamente inconsistentes. Corro, corro e intento llegar, cubrir el kilometraje mínimo, al menos para no tocar los números a la izquierda del cero, los menos unos, menos dos, menos menos menos. Porque menos no siempre es más. Oh no! es como el "Pues que pase lo que tenga que pasar" que cuando pasa no siempre es de nuestro agrado. Asimismo es el "menos es más". Claramente existen casos muy particulares, como en la actuación que esta modalidad aplica en todo su esplendor. Lo cierto es que en este instante estoy hablando de otra cosa. En este instante, menos kilometraje es menos y màs kilometraje es màs. Asi, simple y redundante.
Me distraje entre los semitonos de esta canción, ¿dònde estaba?
Me quedé en la llegada al mosaico de concreto, arboles, sucio, arte, olores y sabores de todo tipo. Y la carrera. Querer abarcar con brazos abiertos, todo. Una necesidad que desgasta hasta cuando estàs sentado tomàndote un macchiato. Las islas de tranquilidad y respiro son los libros, el buen trabajo y las buenas compañías. Gente e historias que de alguna forma nutren alguna parte de tu ser y ahí te das cuenta que aun inhalas.
Esta carrera, este maratón interminable me incita a la búsqueda constante de màs información que a su vez, de inmediato se desinfla a diario porque lo que lees hoy en la prensa mañana es irrelevante. Las noticias de esta mañana, arrugadas y decrépitas llegan a la hora de la cena, porque hay mas, mas impactantes y mas jóvenes. Y así, una maquina desenfrenada que se lleva por delante al lento... o al menos esa es la sensación que genera este gran monstruo. Ahora, cuando me regalo un instante para verme, cuando me duelen los pies de tanta carrera estimulada y freno un silencio aclara el espacio. Me pregunto ¿con quién corro? ¿Con quien es la competencia? De pronto el mosaico desvanece... de pronto mi dueto favorito de Luz - Oscuridad hace acto de presencia.
Me veo en un pasillo, sola. Entonces me da risa el escenario que he creado...El reloj sangrante, los pies hinchados, la falta de aire, el kilometraje mínimo : son solo reglas de mi juego.
Y entonces descanso.
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