Mi último blog terminó en que el día del casting había llegado.
Encontré el edificio y toqué el timbre. Una construcción setentera bien situada en esta ciudad con forma de araña gigante.
El director baja, me abre la puerta y me da la bienvenida tan cordial como siempre.
No hubo mucha conversación desligada a mi razón de estar allí.
Ceratti nos acompañaba con su música, no tan de fondo (Ceratti afortunadamente parece no saber estar en segundo plano).
Pronta a mi llegada ví el guión de la película en la patalla de la computadora.
"Quiero que leas el guión en voz alta, todo el guión, incluyendolo todo, lee todo lo que se pueda leer"- me dijo.
"Perfecto"- respondí (una vez más, siguiendo la actitud del juego de impro yes-and) .
Ahora, cuando vean la película verán por qué no es difícil enterrarse en la historia de inmediato.
La primera escena es un golpe seco que ataca el estómago, el corazón y el alma sin remedio.
Esta historia no sabe de ahorro. A lo que me refiero es que YA no guarda nada para el final, no guarda y punto. YA no es ahorradora, sino todo lo contrario; arremete al instante y con premura. Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, esta historia no comienza con el final, ni revelada queda su resolusión al primer bocado.
YA empieza por el principio. Un principio que sacude la fórmula: "in creccendo" de la mayoría de las historias, nublando así la expectativa de lo aprendido...
A la mitad de la primera escena pensaba: "yo quiero hacer esto"
A la mitad del guión sentí que me contaban la historia, como cuando lees un buen libro.
Algo sucede, que de pronto comienzas a tener la vívida sensación que un amigo/a te está contando su historia. La diferencia fue, que esta vez sentí que yo era mi propia confidente. Una sensación que acudía más allá del tema y la acción...raro.
Hay como 7 personajes además de Daniela. Todos puntuales, tan cuidadosamente dibujados que entiendes perfectamente por qué son parte de su vida.
Todos activan algo. Todos causan en ella un efecto, cada uno de una manera muy particular y eminente.
Aproximadamente una hora después alcancé el final.
Recuerdo claramente este instante: con precaución volteo, buscando a Víctor (el director y guionista).
Sentado como a dos metros de mí desde donde estuvo oyendo mi primera lectura.
Cuando por fin lo encuentro con la mirada, él sonríe, afirmando con su gesto que entendía que me había gustado.
Entonces rompí el escandaloso silencio con una pregunta casi desesperada: "Qué sigue?"
"Escojí 4 escenas que quiero que prepares. Aparte de éstas, tu debes elegir una más. El día del casting me mostrarás las cinco. Cuál escojes?"- me preguntó.
"mmm, pudiera re leer-"
"No!"- dice interrumpiéndome. "A partir de esta primera lectura elije una más".
"La primera escena"-contesté
Su expresión revelando sorpresa es seguida por un: "segura?"
Evidentemente dudé, pero con premura respondí: "sí, la puedo hacer bien"
Confesó que a esa escena en particular,le tenía particular respeto. Consideraba que indudablemente era una de las más difíciles, pero de igual modo un gran momento para explorar una amplia gama de matices del personaje en muy corto espacio. Yo estuve de acuerdo (y confieso en secreto también un poco arrepentida).
En ese mismo instante envió el "paquete" de escenas a mi correo electrónico, diciéndome que tendría un poco menos de dos semanas para prepararlas.
Seguido, hablamos de Daniela. Me hablaba de ella como presentándome a una gran amiga. Una amiga muy cercana, a quien conocía a detalle. Hablamos a grandes rasgos de la materia que la componía, su naturaleza humana. Los libros que lee, las cosas que le gustan, sus ideas sobre religión, estado y política (muy por encima en esta etapa). Mencionó también su afición por la música.
Examinamos juntos las escenas que habría de preparar, mencionando entre muchas, frases como:
"Lo peor que te puede pasar es la existencia misma"
"Maneras de amar muy jodidas"
(Yo anotaba TODO)
Habían pasado ya 4 horas. Estaba inflada con información sobre esta nueva chica que debía conocer muy de cerca muy rápido. Esa era mi misión, acercarme lo más posible a ella... tanto como me dejara.
El camino a casa esa noche estuvo colmado de imágenes de todo tipo, buscando la tonalidad correcta de un primer acercamiento descarado. Era como tender una cama con cientos de sábanas... tendidas una encima de la otra, y encima de la otra y la otra. Cada una distinta a la anterior, en color, textura y tamaño. Una imagen pesada pero de alguna manera útil al mismo tiempo.
La preparación comenzó... tenía 10 días para agarrar a Daniela de la mano.
...continuará. Gracias por leer.



